¿Tu hijo necesita ortodoncia? Hay señales que aparecen antes de los dientes torcidos

Cuando pensamos en ortodoncia infantil, solemos esperar a que aparezca algo evidente: dientes torcidos, falta de espacio o una sonrisa que empieza a verse desalineada.

Pero la boca de un niño puede empezar a darnos pistas mucho antes.

Y algunas ni siquiera aparecen cuando sonríe.

La forma en la que respira, duerme, habla, mastica o ciertos hábitos que repite cada día también pueden aportar información sobre cómo se está desarrollando su boca.

Por eso, si queremos detectar a tiempo posibles alteraciones, hay que mirar un poco más allá de los dientes.

Hay señales que puedes detectar sin mirar siquiera su sonrisa

Piensa en cómo respira tu hijo durante el día o mientras duerme.

¿Suele tener la boca abierta? ¿Respira habitualmente por ella? ¿Ronca? ¿Escuchas cómo aprieta o rechina los dientes durante la noche?

Son comportamientos cotidianos que muchas familias terminan normalizando porque los ven todos los días.

Sin embargo, pueden aportar información importante.

Cuando un niño respira de forma habitual por la boca, la posición de la lengua y el equilibrio de los músculos que rodean la boca pueden cambiar. Si esta situación se mantiene durante el crecimiento, puede relacionarse con un desarrollo diferente del paladar y de la mordida.

El rechinamiento nocturno también merece atención. Algunos niños aprietan o frotan los dientes mientras duermen y, con el tiempo, pueden aparecer desgastes o molestias musculares.

No estamos hablando todavía de dientes torcidos. Estamos hablando de cómo funciona su boca cada día.

Otras pistas aparecen en cosas que hace casi sin darse cuenta

Después están esos hábitos que parecen pequeños porque forman parte de su rutina.

Chuparse el dedo durante mucho tiempo, morderse constantemente las uñas, mantener el chupete más allá de determinadas etapas o empujar los dientes con la lengua son ejemplos de fuerzas que se repiten una y otra vez sobre una boca que todavía está creciendo.

Aquí la clave no está solo en el hábito.

Importa cuánto tiempo lleva haciéndolo, con qué frecuencia y con qué intensidad.

Lo mismo ocurre con el habla.

Para pronunciar correctamente intervienen la lengua, los labios, los dientes y el paladar. Cuando un niño mantiene dificultades con determinados sonidos, puede ser interesante observar también la movilidad de la lengua, su posición habitual o si existe alguna característica de la boca que pueda estar influyendo.

En algunos casos será únicamente una cuestión del habla. En otros puede ser necesario valorar diferentes factores de forma conjunta.

Y después están las señales que sí puedes ver

Aquí llegamos a las que normalmente asociamos con la ortodoncia.

Empiezan a salir dientes y parece que no caben. Uno aparece girado. Otro sale por detrás. Los dientes superiores quedan demasiado adelantados o, al cerrar la boca, notas que las arcadas no encajan como esperabas.

También puedes fijarte en algo tan cotidiano como comer.

Un niño que mastica casi siempre por el mismo lado, evita ciertos alimentos porque le cuesta morderlos o desplaza la mandíbula para encontrar una posición cómoda puede estar adaptándose a una mordida que no encaja correctamente.

Muchas veces ellos no saben explicar qué ocurre.

Simplemente encuentran otra forma de hacerlo.

Por eso observar cómo usa la boca puede ser tan interesante como mirar cómo se ven sus dientes.

El error es esperar únicamente a que los dientes estén torcidos

Aquí es donde todas estas señales empiezan a tener sentido juntas.

La ortodoncia infantil no estudia únicamente si los dientes están rectos.

También observa cómo encajan ambas arcadas, cuánto espacio existe para los dientes definitivos, cómo están creciendo los maxilares y qué hábitos o funciones pueden estar influyendo en ese desarrollo.

Por eso un niño puede tener una sonrisa aparentemente alineada y, aun así, presentar una mordida que merece seguimiento.

Y también puede ocurrir lo contrario: detectar una pequeña irregularidad y comprobar que, por el momento, no hay que hacer nada.

Detectarlo pronto no significa ponerle aparato pronto

Este es probablemente el punto más importante.

Una valoración temprana no se hace para empezar un tratamiento cuanto antes.

Se hace para saber qué está ocurriendo.

A veces la mejor decisión será controlar la evolución durante los siguientes meses o años. En otros casos puede existir una alteración en la que tenga sentido actuar mientras el niño todavía está creciendo.

La diferencia está en conocerlo y poder elegir el momento adecuado.

¿Hay algo de todo esto que reconoces en tu hijo?

Puede que duerma con la boca abierta. Que rechine los dientes. Que lleve mucho tiempo mordiéndose las uñas. Que le cueste pronunciar algún sonido. O simplemente que hayas empezado a notar que sus dientes no están saliendo como esperabas.

No necesitas saber qué significa cada señal.

Para eso está la valoración.

En Clínica Dental Raquel Pardo podemos estudiar cómo está evolucionando su boca, su mordida y su crecimiento para explicarte si necesita tratamiento, seguimiento o simplemente dejar que continúe desarrollándose.

Puedes preguntarnos en cualquiera de nuestras clínicas de Cuenca, Mota del Cuervo o San Lorenzo de la Parrilla o en Ruraldent Móvil.

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