Cuando un niño necesita llevar un aparato de ortodoncia removible, una parte importante del tratamiento ocurre fuera de la consulta.
Podemos diseñar el aparato adecuado, revisar su evolución y realizar los ajustes necesarios, pero después llega el día a día: tiene que acordarse de ponérselo y utilizarlo durante el tiempo indicado.
Y ahí puede aparecer una de las principales dificultades.
Para un adulto es más fácil entender que determinados hábitos forman parte de un tratamiento y que los resultados llegarán con el tiempo. Para un niño, en cambio, llevar un aparato varias horas al día puede sentirse simplemente como una obligación.
Por eso, conseguir que se implique también puede formar parte del tratamiento.
Y algo tan sencillo como permitirle elegir el diseño de su aparato puede ayudar a que empiece a verlo de otra manera.
El reto empieza cuando llega el momento de ponérselo cada día
Un aparato removible tiene una particularidad evidente: se puede quitar.
Eso significa que su eficacia también depende de que el niño siga correctamente las indicaciones cuando está en casa.
Al principio puede necesitar recordatorios, especialmente mientras se acostumbra a llevarlo y empieza a incorporarlo a su rutina. Si desde el primer momento lo percibe como algo impuesto o incómodo, la adaptación puede resultar más complicada.
Cuando el tratamiento continúa fuera de la consulta
El ortodoncista puede controlar muchos aspectos durante las revisiones, pero no puede estar presente cada día para comprobar que el aparato se utiliza correctamente.
Aquí entran en juego la constancia, el acompañamiento familiar y la actitud del propio niño.
Explicarle para qué sirve el aparato de una forma que pueda comprender y permitirle participar en algunas decisiones puede facilitar mucho ese proceso.
¿Qué cambia cuando le dejamos elegir cómo será su aparato?
Hay muchas cosas dentro de un tratamiento de ortodoncia que un niño no puede decidir.
No elige si necesita llevar un aparato ni durante cuánto tiempo deberá utilizarlo. Pero sí podemos darle cierto margen para decidir cómo quiere que sea.
Puede escoger colores, dibujos, animales, personajes o diseños relacionados con sus gustos.
La función del aparato no cambia, pero la forma en la que el niño lo percibe puede ser diferente.
Sentir que también ha participado en la decisión
Cuando participa en la elección, el aparato deja de ser algo completamente ajeno que simplemente le han dado en consulta.
Ha podido decidir una pequeña parte de su tratamiento.
No significa que por elegir un dibujo vaya a utilizar automáticamente el aparato todas las horas necesarias, pero sí puede favorecer que lo reciba con una actitud más positiva.
Para un adulto puede parecer un detalle menor. Para un niño, abrir la caja y encontrarse con un aparato que ha ayudado a diseñar puede marcar una diferencia en ese primer contacto.
Un dinosaurio en su aparato puede tener más importancia de la que parece
Puede ser un dinosaurio, los colores de su equipo favorito, un animal o ese personaje que lleva meses dibujando.
Cada niño tiene sus propios gustos y utilizarlos para personalizar su aparato permite acercar el tratamiento a algo que reconoce como suyo.
No se trata simplemente de hacerlo más bonito.
Se trata de intentar que un elemento que tendrá que formar parte de su rutina durante meses resulte más cercano y menos ajeno.
Cuando el niño se familiariza con su aparato y entiende por qué tiene que utilizarlo, es más fácil trabajar después la constancia que requiere el tratamiento.
¿Y si ponerse el aparato acaba convirtiéndose en una discusión diaria?
La personalización puede ayudar, pero no sustituye la creación de una buena rutina en casa.
Durante las primeras semanas es normal que los padres tengan que recordar cuándo hay que ponerse el aparato o comprobar que se están siguiendo correctamente las indicaciones.
El objetivo debería ser que, poco a poco, el propio niño vaya asumiendo esa responsabilidad.
Establecer momentos concretos para utilizarlo, hablar del tratamiento con naturalidad y evitar convertir cada recordatorio en una negociación puede facilitar mucho la adaptación.
La familia sigue teniendo un papel fundamental, especialmente al principio.
Entonces, ¿personalizar el aparato consigue que lo lleve más?
No podemos asegurar que un niño vaya a cumplir mejor el tratamiento únicamente porque haya elegido el diseño de su aparato.
La personalización es una herramienta de motivación, no una garantía.
Puede favorecer una mejor predisposición y hacer que el niño se sienta más implicado, pero la constancia, las revisiones y el seguimiento de las indicaciones del ortodoncista siguen siendo fundamentales.
Precisamente por eso tiene sentido incorporar pequeños recursos que hagan que el tratamiento resulte más fácil de integrar en su día a día.
Conseguir que quiera participar también forma parte del tratamiento
La ortodoncia infantil no consiste únicamente en decidir qué aparato necesita cada niño.
También hay que pensar en cómo va a convivir con él durante los próximos meses.
Explicarle qué estamos haciendo, permitirle participar en algunas decisiones y ayudarle a incorporar el aparato a su rutina puede hacer que viva el proceso con mayor naturalidad.
Y ahí encontramos la respuesta a la pregunta inicial.
¿Qué tienen que ver sus dibujos favoritos con su ortodoncia?
Puede que bastante más de lo que parece.
En Clínica Dental Raquel Pardo podemos personalizar los aparatos removibles infantiles con diferentes colores y diseños para que cada niño también participe en la elección.
Si crees que tu hijo puede necesitar un tratamiento de ortodoncia, puedes pedir cita en nuestras clínicas de Cuenca, Mota del Cuervo o San Lorenzo de la Parrilla para valorar su caso y recomendaros la opción más adecuada.
Si necesitas contactar con la Clínica Raquel Pardo:
Dentista en Mota del Cuervo – Dental Pardo:
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